Aumentan las tensiones en Asia Pacífico a raíz de las disputas territoriales

Colaboración de Cristian Márquez1  y Estefanía Collado2

  

Nuevamente, las disputas territoriales en el Pacífico asiático han reavivado las tensiones existentes entre China, Japón y EEUU. En esta ocasión, las fricciones giraron en torno a las críticas realizadas por Japón y por Estados Unidos a China, así como por la posterior respuesta de Beijing, todo ello en el marco de la Cumbre de Seguridad anual de Asia-Pacífico (Diálogo Shangri-La), llevada a cabo en Singapur, a inicios de este mes (junio). 

Chuck Hagel, secretario de Defensa estadounidense, calificó durante su intervención las medidas tomadas por China en relación a las Islas como acciones desestabilizadoras en el Sur del Mar chino (Faus, 2014). Por su parte, el primer ministro japonés, Shinzo Abe, consideró impertinente la presencia de jets y buques de guerra chinos en la zona del Sur del Mar de Asia (Chen, 2014). No obstante, la respuesta china no se hizo esperar; el líder de la delegación, el general del Ejército Popular de Liberación, Wang Guanzhong, describió el discurso de Hagel como uno ‘’lleno de hegemonía, de incitación, de amenaza y de intimidación’’ al tiempo que reafirmó los deseos de China por construir acuerdos de cooperación exitosos entre los países de la región (Milenio, 2014).

Ahora bien, las tensiones surgidas entre estos países no son algo nuevo y para avanzar en su comprensión es importante retroceder en la historia. 

 

Las disputas territoriales sino-japonesas

China y Japón han tenido altercados territoriales en diversas ocasiones y el principal conflicto obedece a un grupo de cinco islas ubicadas en el Mar del Sudeste de China. Estas Islas, conocidas como Islas Senkaku en Japón, son reclamadas como suyas por la República Popular de China. 

El inicio de la disputa, como señala Ríos (2012), se puede situar en 1895; año en el que finalizó la primera guerra sino-japonesa y cuando, mediante el tratado de Shimonoseki, Taiwán y otras islas fueron cedidas al Japón. En ese contexto, Japón integró las Senkaku como parte de la prefectura de Okinawa.

La situación no cambió sino hasta la capitulación de la Segunda Guerra Mundial cuando se firmó el Tratado de Paz de San Francisco, a través del cual, Japón renunció al territorio de Taiwán; no obstante, las Senkaku quedaron bajo fideicomiso de los EEUU hasta 1971, año en que fueron devueltas a Japón (Ríos, 2012). 

Ahora bien, durante la década de los setenta, se hicieron importantes descubrimientos de recursos naturales en la región, a raíz de los cuales comenzaron las presiones chinas hacia el gobierno japonés debido a que no reconocían la soberanía nipona sobre las Islas (Ríos, 2012).  

En este sentido, China afirma que las islas Diaoyu – como se les conoce a las Senkaku - han sido parte de su territorio desde tiempos antiguos. Al respecto, señalan la existencia de mapas de la dinastía Ming (1368-1644) que incluyen a las Islas como parte de China, que las Islas fueron administradas por las provincias de Fujian y de Taiwán, y que en 1556 se incorporaron a la defensa marítima de China. Más aún, China sostiene que “el destino de las islas debe ir parejo a la devolución de Taiwán”. Entre tanto, Japón “fundamenta sus derechos” de propiedad en el orden legal “derivado del ejercicio de la ocupación de una “tierra de nadie” (Ríos, 2014).

No obstante el problema va más allá de la disputa y es que , con la llegada a escena de Shinzo Abe, actual primer ministro del Japón, se ha agravado la situación dada su agresiva política exterior hacia China y a sus intenciones de rearmar el país, cuestionando la vigencia del artículo 9 de la Constitución japonesa de 1942. En este sentido, la viceministra de relaciones exteriores chinas, Fu Ying, sostuvo que Abe está utilizando las tensiones territoriales como un pretexto para expandir el rol de las Fuerzas de Autodefensa de Japón (Chen, 2014). Este es un tema sumamente preocupante para diversos países de la región, en especial, los del Sudeste asiático.

 

La amenaza del rearme japonés

Como se mencionó anteriormente, frente a las tensiones territoriales, Shinzo Abe, primer ministro japonés tiene la intención de modificar el artículo 9 de la Constitución y ha declarado, refiriéndose a la misma, que “es necesario un debate nacional para revisarla y adaptarla a los tiempos modernos” (NoticiasNippon, 2014). Esta tendencia es impulsada por las exigencias que, desde hace décadas, EEUU ha hecho al país asiático para que adopte un rol más activo en su alianza de seguridad (Christensen, 2003).

El plan de Abe consistiría en una relocalización de los efectivos, un incremento del 5.5% en el gasto militar por primera vez en 11 años y la compra de material bélico (Reinoso, 2014).

El hecho es preocupante para muchos países de la región dada su memoria histórica, y es que cabe recordar que durante la Guerra del Pacífico y la Segunda Guerra Mundial, el Imperio japonés emprendió una serie de invasiones con la finalidad de extenderse en todo el Este y Sudeste asiático, así como en el Océano Pacífico.

Tokio inició una estrategia de conquistas militares a partir de la invasión del territorio chino de Manchuria, en 1931. Ese mismo año, estableció el estado títere de Manchuko, ante la impotencia del gobierno chino que parecía incapaz de garantizar la integridad de su nación al encontrarse en medio de una guerra civil. Posteriormente, cuando el ejército japonés controlaba Manchuria, inició la invasión del Norte y Este de China en 1937, desatando la Guerra del Pacífico.

En seguida, los japoneses ocuparon Filipinas, Vietnam, Laos, Camboya y el Singapur británico. En ese mismo año, mientras Japón libraba la batalla en China continental, lanzó un ataque a Pearl Harbor, provocando que le declararan la guerra Estados Unidos e Inglaterra con la capitulación que todos conocemos. Lo importante aquí, es tener presente que las preocupaciones de los países de la región hacia un posible rearme japonés tienen fundamento en cuestiones históricas.  

Conclusiones

Las disputas territoriales entre China y Japón, como hemos visto, no son un problema nuevo, y los acontecimientos recientes resultan de una interacción social influenciada por los intereses nacionales de cada país y, sobre todo, al contexto actual de ascenso chino y “declive” estadounidense y japonés. Esto ha provocado un alza en las tensiones de la zona por la reconfiguración que se está dando en el equilibrio de poder; situación que, para muchos, podría resultar en un escenario catastrófico, es decir, en un posible enfrentamiento armado de gran envergadura. 

Ahora bien, antes de afirmar lo anterior, es importante tener en cuenta que estas tensiones en la actualidad enfrentan condiciones distintas o elementos que podrían incidir en su desenlace. Y es que el alto nivel de interdependencia entre China, Japón y EEUU genera importantes cambios en el ejercicio del poder al servir como elemento que puede constreñir o influir en el proceso de toma de decisiones y, por ende, en las políticas y en las medidas implementadas por los países involucrados. 

Bibliografía

 

 

Estudiante de octavo semestre de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Gestión Pública en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) (cristian_marquez@msn.com)

 

Estudiante de décimo semestre de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) (cc673709@iteso.mx)