El TPP: todo para pocos

Colaboración de Carlos Javier Maya Ambía 1

 

En el texto "El TPP: todo para pocos" el Dr. Maya delibera la situación de la agricultura japonesa en el marco del TPP.

Dicho documento fue presentado en la mesa  sobre Asia: entre la ruta de la seda y el TPP en el marco de la Feria Internacional del Libro 2015 en Guadalajara, Jalisco, México.

 

El TPP: TODO PARA POCOS

Carlos Javier Maya Ambía

 

El lunes 5 de octubre se firma el TPP por los mandatarios de 12 países. El presidente de México proclama triunfante que con dicho acuerdo “México fortalece su integración comercial con el mundo”. Para el primer ministro japonés el TPP es vital para asegurar un crecimiento sostenido y permitirá a las empresas pequeñas, medianas y grandes con ideas y capacidades innovadoras desarrollar sus ideas a escala global. A los ojos del mundo se presenta el largamente discutido acuerdo como una enorme alianza comercial que beneficiará a todos sus miembros, que constituyen aproximadamente el 40% del PIB mundial. A casi dos meses de su firma, en México sigue siendo un documento secreto. Los diputados mexicanos nada saben al respecto y tampoco se les ha informado para qué fecha empezarán a discutirlo, si es que llegaran a tener oportunidad de discutirlo, pues no es improbable que se les obligue a votar apenas lo reciban, como se acaba de hacer con la ley de ingresos y con la ley de egresos. 

 

Envuelto en el secreto y cubierto de mentiras y verdades a medias por parte de los gobernantes de los países miembros, el TPP no es lo que sus defensores proclaman. Stiglitz simplemente lo ha llamado una farsa, subrayando que lo que busca no es liberalizar el comercio, sino administrarlo en beneficio de un puñado de grandes empresas transnacionales.  Es falso, agrega el Premio Nobel de Economía 2001, que vaya a producir crecimiento, sino que producirá mayores desigualdades entre los países e incluso al interior de ellos. Para Jagdish Bhagwati las negociaciones secretas son irracionales, pues incluso dificultan que Obama gane el apoyo de los congresistas. Lo cierto es que no se trata de un acuerdo comercial, sino de un mecanismo para administrar el comercio y las inversiones, que de hecho se traducirá en políticas industriales, cuyo diseño ha quedado básicamente en manos de 16 comités asesores industriales y 6 comités asesores agrícolas, donde participan representantes de empresas transnacionales, pero nadie por parte de los trabajadores, los consumidores y mucho menos ambientalistas.

 

En Japón, que es el caso que nos interesa comentar, hubo un movimiento importante en contra del acuerdo, encabezado como era de esperarse, por los propios agricultores, pero en el que se incorporaron otros grupos, como cooperativas de consumidores (http://www.think-tpp.jp/). Sin embargo, el gobierno de Abe se ha dedicado sistemáticamente a atacar a la cooperativa agrícola JA y a reducir legalmente sus atribuciones. A esto se agrega una masiva campaña a través de los medios para convencer a los ciudadanos japoneses de que los agricultores son una minoría egoísta que solo ve por sus intereses de grupo y no por el bien nacional, que además son retrógradas y reacios a la modernización, única vía que les permitiría ser competitivos a nivel mundial. Por otra parte, Abe prometió proteger cinco productos agrícolas considerados “sensibles” (arroz, trigo, carne vacuna y porcina, lácteos y azúcar), lo cual hizo que su popularidad entre la población subiera algunos puntos para alcanzar el 37%. En el caso del arroz el gobierno de Abe ha prometido a los agricultores comprarles el grano que no puedan vender.

 

Sin embargo, con o sin TPP, la agricultura japonesa ya venía enfrentando muy serios problemas. El primero de ellos es el envejecimiento de la población. El promedio de edad del agricultor japonés supera los 60 años y no está a la vista relevo generacional alguno, pues los hijos y nietos de los agricultores prefieren desempeñarse laboralmente en otras ramas mejor remuneradas, como la industria o los servicios. En segundo lugar por razones geográficas, con excepción de la norteña isla de Hokkaido, las dimensiones de las unidades productivas agrícolas no pueden superar las 20 ha., pues de inmediato topan con el mar, la montaña, algún bosque o lago. En tercer lugar, se está presentando en Japón un fenómeno llamado transición dietética o nutricional, que en el caso de este país corresponde a una fuerte occidentalización de la dieta, lo que hace que se reduzca el consumo de arroz, por ejemplo, y que se demanden más alimentos occidentales.

 

El TPP puede significar la estocada final para la agricultura japonesa, que evidentemente jamás podrá competir con los agrandes agricultores estadounidenses, fuertemente subsidiados por el gobierno y apoyados durante décadas por multimillonarias investigaciones científicas desarrolladas en diversas universidades norteamericanas. Sin embargo, lo más grave por venir, en caso de aprobarse definitivamente el acuerdo, lo cual es muy probable, pues en Japón el partido de Abe tiene mayoría absoluta, no tiene que ver con aranceles, ni con cupos, ni con flujos comerciales y además no afectará solo a los agricultores, sino a todos los ciudadanos. Me refiero en particular a dos capítulos especialmente peligrosos: uno es el referente a los derechos de propiedad intelectual y el otro es el concerniente al arbitraje de disputas entre inversionistas y estados.

 

Aunque estos dos capítulos no se han dado a conocer oficialmente, pues el secreto sigue cubriendo todo lo referente al TPP, se han filtrado documentos relevantes que han circulado en internet y son los que han dado pie a amplias discusiones y serios cuestionamientos (https://wikileaks.org/tpp-ip3/, https://wikileaks.org/tpp-investment/WikiLeaks-TPP-Investment-Chapter.pdf)

De llegar a aprobarse el capítulo sobre derechos de propiedad intelectual, cuya redacción final de 60 páginas se aprobó el 5 de octubre de este año por los 12 mandatarios impulsores del acuerdo, las grandes empresas que controlan en el mundo la fabricación de productos químicos como farmacéuticos, pero también semillas y agroquímicos, disfrutarán de un monopolio de por lo menos entre cinco y ocho años, sobre sus patentes, lo que dejaría fuera del mercado a todos los medicamentos genéricos y con ellos privaría a por lo menos 500 millones de personas del acceso a medicinas, ya que sus precios las hacen inalcanzables, según estimaciones de Médicos Sin Fronteras, quienes consideran que se trata del peor acuerdo comercial para el acceso a los medicamentos en los países en desarrollo.  Si a esto agregamos que el TPP permitiría la entrada de compañías de seguros estadounidenses a todos los países miembros del acuerdo, la situación se complica, pues, como consideran opositores japoneses al TPP, la irrupción de estas empresas echaría abajo todo el sistema de salud japonés, donde ha venido funcionando la cobertura universal.

 

En el terreno agrícola es evidente que la legislación sobre derechos de propiedad intelectual estaría favoreciendo a empresas como Monsanto y les ayudaría a superar los reveses que ya han sufrido en algunos países. En contra de lo que dice el texto de este capítulo, que favorecerá la apertura y la eficiencia de mercados competitivos, de hecho lo que hará será consolidar monopolios que ya ahora tienen un inmenso poder.

El otro capítulo extremadamente peligroso y que de hecho constituye un golpe de muerte a la democracia y a la soberanía de los estados nacionales, es el concerniente al arbitraje de disputas entre inversionistas y estados (ISDS por sus siglas en inglés). En el documento de 55 páginas, filtrado en enero del presente año, la Sección B se titula ISDS e incluye los artículos II.17 a 29, así como una serie de anexos. Detrás de formulaciones intencionalmente poco claras, como es la costumbre en estos documentos, la cruda realidad es que las grandes empresas podrán demandar a los gobiernos nacionales ante tribunales creados por el propio TPP, si atentan contra sus ganancias esperadas. En otras palabras, dichos gobiernos quedarán atados de manos para cumplir con las funciones que les asigna el sistema democrático para proteger el bienestar de sus ciudadanos, su salud y el medio ambiente.

 

Por estas razones Nobuhiko Suto, ex miembro de la Dieta Japonesa por el Partido Demócrata Liberal, uno de los principales opositores al TPP, ha dicho que no se trata de una liberalización del comercio nada más, sino de todo el sistema económico, en otras palabras, de una americanización de Japón, donde lo que cuentan son las ganancias de las grandes empresas y no el bienestar de los ciudadanos (https://www.youtube.com/watch?v=IEP1KPwvKvQ). Mientras que el MAFF no ve mucho problema en que “a largo plazo” los precios de los productos agrícolas de Japón irán a la baja y además que con el TPP la tasa de auto-suficiencia alimentaria de Japón descenderá del 39 al 14%, los críticos japoneses consideran que dicho acuerdo permitirá a los grandes inversionistas extranjeros influir de manera decisiva en las políticas nacionales que tienen por objeto proteger a los agricultores, las tierras de cultivo y las comunidades rurales. En otras palabras, se trata de la destrucción de la agricultura, del trabajo de los agricultores y de la soberanía alimentaria de Japón.  

 

 

1 Profesor-investigador del Departamento de Estudios del Pacífico, CUCSH de la Universidad de Guadalajara