La posición de China sobre el nuevo episodio de tensión militar en la península de Corea.

 

Colaboración del Dr. Roberto Hernández Hernández, especialista en China.

Investigador del Departamento de Estudios del Pacífico y profesor del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad de Guadalajara.

 

 

 

Los meses de marzo y abril de 2013 serán recordados y analizados como fechas importantes en el juego geopolítico en la región del Este de Asia, con epicentro en la península de Corea. Ello, debido  principalmente a la tensión política y el peligro latente de una guerra; situación que ha tenido una gran cobertura en los medios de comunicación de todo el mundo.   

     Los factores que han generado esta tensión de carácter estratégico-militar, con grandes implicaciones de carácter económico y social para la región,  han estado presentes desde hace más de medio siglo; prácticamente desde el fin de la  Guerra de Corea (1950-1953). Los elementos que en está ocasión han aumentado la tensión y exacerbado la zozobra internacional son las siguientes: 

 

  • La reciente designación de nuevos dirigentes en varios países asiáticos, para quienes la crisis coreana es una prueba de su habilidad política para maniobrar en el contexto de un sistema internacional complejo y anárquico. Esta situación se percibe con gran claridad en el caso de Corea del Norte, donde el joven dictador, Kim Jung-un, necesita reforzar su posición dentro de los dos pilares que sustentan la estructura política de su país: la burocracia y el ejército. Asimismo, hay que tener en cuenta las pasadas elecciones de diciembre de 2012 en Corea del Sur, que por primera vez en la historia de ese país llevaron a la presidencia a una mujer: Park Geun-hye (hija del dictador Park Chung-hee).

 

  • El desarrollo de misiles de largo alcance y la investigación de armas nucleares y biológicas, por parte de Corea del Norte.

 

  • Las maniobras militares conjuntas de Corea del Sur y Estados Unidos, durante marzo y abril, que si bien cada año se llevan a cabo, en esa ocasión incorporaron dispositivos militares con tecnología militar de punta, como los submarinos con cargas nucleares, los aviones  F-22s y los bombarderos furtivos  B-2, así como las fortalezas aéreas B-52s con ojivas nucleares. 

 

  • Las maniobras militares de Corea del Norte en zonas particularmente sensibles a la seguridad de sus países vecinos, así como los desfiles militares y las movilizaciones populares con tintes claramente propagandísticos. 

 

  • Las dificultades económicas de Corea del Norte, producto de un régimen que ha desarticulado la producción de bienes fundamentales para la población y requiere del mantenimiento de enemigos externos, reales e imaginarios, como medio para exacerbar el nacionalismo y propiciar la de cohesión social interna. 

 

  • Las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU a Corea del Norte debido al desarrollo de tecnología de misiles balísticos. Pyongyang con el repudio del acuerdo de 1994, respecto de apagar sus reactores nucleares, y la expulsión de los representantes de la ONU que lo monitoreaban.

 

  • La invalidación, por parte de Cora del Norte, del armisticio de 1953 y la sugerencia de que los diplomáticos extranjeros abandonaran el país.

 

Los actores principales de este drama político-estratégico, además de Corea del Norte, son Corea del Sur y Japón, por obvias razones geográficas que los ubican dentro del alcance de las armas de Corea del Norte y el despliegue de cohetes interceptores con capacidad para derribar los artefactos norcoreanos que pudieran invadir su espacio aéreo; China, por sus estrechas relaciones económicas con Corea del Norte, y hasta hace algunos meses, por su influencia en la política exterior del régimen de Pyongyang;  Estados Unidos, por su alianza militar y el apoyo económico a Corea del Sur; y Rusia por sus su cercanía geográfica y su alianza histórica con el régimen de Corea del Norte, la cual se remonta a los años previos a la Segunda Guerra Mundial. Estos países, son precisamente los miembros del Diálogo de las Seis Partes,  que han negociado durante varios años la forma de bajar la tensión en la región, sin ningún resultado concreto. 

 

En este contexto, me voy a referir a los elementos fundamentales de la política y la perspectiva actual de China en relación con el conflicto en la península de Corea. 

     China juega un papel crucial en la estabilización estratégico-militar y en el desarrollo económico del continente, y en particular en la península de coreana. Tal es así, que Estados Unidos ha demandado el respaldo de China para presionar a Corea del Norte y obligarlo  a dar marcha atrás a su programa nuclear y de misiles. Ante estas presiones, y el  fracaso del Diálogo de las Seis Partes, Corea del Norte ha reaccionado con el aumento de su arsenal nuclear y el despliegue propagandístico más amenazante y provocativo hacia sus vecinos y hacia Estados Unidos.  

     El papel de China frente al problema de Corea del Norte, puede caracterizarse de discreto, pero muy claro: por un lado respalda las sanciones de la ONU contra ese país, y por el otro, manifiesta una clara determinación de evitar el colapso del régimen de Pyonyang, que sin duda desestabilizaría la región.  Para el gobierno chino, el cambio en el  statu quo de Corea del Norte, se reflejaría en  los millones de refugiados norcoreanos a través de la frontera común, creando presiones económicas adicionales para Beijing. Además, es de sobra conocido que, desde la perspectiva China, la desestabilización de la región, afectaría el proceso de desarrollo y la integración económica en el Este de Asia; elementos básicos de su política de “ascenso pacífico”.

     Para los intereses chinos en la región, es conveniente que Corea del Norte de marcha atrás a su programa de nuclear, lo cual quedó claro desde que Pyongyang realizó su segunda prueba nuclear en mayo de 2009. Esta perspectiva se ha reforzado en 2013, con la aceptación por parte de China de las sanciones  impuestas por el Consejo de Seguridad de ONU con motivo de la tercera prueba nuclear.  

     Además, China está ocupada en sus problemas económicos y sociales internos y en la resolución de las tensiones regionales en el Mar de China Oriental y del Sur. Por ello, los problemas de Pyongyang representan un problema adicional que China necesita evitar. Desde hace varios años ha quedado claro que en un caso extremo de un rompimiento de hostilidades, China no se involucraría en apoyar directamente a Corea del Norte -mucho menos en una guerra- como sucedió en 1950. 

     Durante la realización del Foro de Bo’ao (el Davos asiático) la tensión en la península coreana alcanzó un punto culminante. Ello dio la oportunidad a la dirigencia china de definir con más claridad su política actual de distensión y paz en la región.  Xi jinping expresó frases como las siguientes: "La paz, como el aire y el sol, apenas se nota cuando la gente se están beneficiando de ella” (…)  "Pero ninguno de nosotros puede vivir sin éstos" (…)  "No se debe permitir que se lance a una región, e incluso a todo el mundo, al caos de ganancias egoístas".

 

En síntesis: los protagonistas de la península de Corea, desde el fin de la guerra de 1950-1953, hasta la fecha, han preferido la paz a la guerra, pero no han encontrado una fórmula que les permita lograr este ansiado deseo. Ahora, a finales de abril, la tensión ha disminuido, aunque el peligro de un “accidente” que podría prender la mecha sigue latente; tanto Corea del Norte como Estados Unidos han propuesto ciertas condiciones para la reanudación del diálogo, las cuales han sido rechazadas por ambas partes. De cualquier manera,  este simple hecho pone de manifiesto que el conflicto en la península coreana está regresando a niveles manejables, aunque volviendo al estatus legal de guerra, sin guerra, y a una circunstancia real de paz, sin paz. La solución “definitiva” que alguna vez plantearon  los dirigentes sudcoreanos, de una reunificación mediante el derrocamiento del régimen de Corea del Norte, no es viable. El hecho es que la península de Corea, como en otros periodos de su historia, sigue siendo un pivote estratégico donde confluyen las grandes potencias. En este contexto, los propios coreanos tendrán que encontrar una solución que les permita vivir en paz.