La Reforma Energética en México podría no obtener los resultados esperados

Contribución de Octavio López Flores, estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales del ITESO.

 

El mes pasado el Congreso mexicano finalmente aprobó terminar el monopolio de PEMEX  respecto a la explotación de los recursos energéticos del país. El ambiente es claramente optimista y el secretario de hacienda Luis Videgaray estimó que la economía mexicana podría crecer a un ritmo de 5% anual para 2016, en gran parte, debido a la apertura en el sector  energético, la que podría atraer una inversión de hasta  20 billones de dólares al año proveniente de empresas extranjeras como Chevron y Exxon Mobile (Forbes staff, 2014). En el largo plazo, no se desestima la posibilidad de que las economías emergentes más grandes como China e India empiecen a ver a México como un productor importante, e inicien sus propios planes de inversión similares a los que China está llevando a cabo actualmente en el África subsahariana. Bajo este análisis general, todo luce excelente para el futuro de la economía mexicana, pero ciertos factores podrían impedir que este ambicioso plan alcance los resultados esperados.

 

Las compañías petroleras sin el capital necesario

Para empezar, el momento de la apertura  llegó en un periodo en el que los beneficios no serán tan inmediatos como pudieran haber sido, por ejemplo, hace 6 años. Esto, porque las grandes multinacionales como Chevron y Exxon Mobile, han sufrido problemas de liquidez desde que surgiera la crisis financiera de 2008 y el inicio del boom del shale gas en 2011. Por otra parte, en lo que refiere a la exploración y descubrimiento de nuevas reservas petroleras de tipo tradicional, es decir, aquellas que son extraídas directamente del subsuelo, éstas han ido disminuyendo al pasar los años, lo cual ha causado preocupación debido al riesgo inherente de depender tan solo de un puñado de pozos de alta producción.

Mientras que las reservas de pozos tradicionales se agotan, el descubrimiento del método fracking para obtener petróleo ha sido considerado revolucionario debido a su potencial de explotación casi ilimitado; sin embargo, su costo es bastante superior al de la explotación tradicional y, como se ha mencionado, las grandes petroleras sufren los altos costos de explotación (South & Muckerman, 2013). Todo lo anterior, podría llevar a que la inversión hacia México no sea en los montos esperados. 

Por ejemplo Exxon Mobile, Chevron, Dutch Shell y British Petroleum, las empresas petroleras más grandes del mundo, han visto recientemente un incremento en  sus costos y un decrecimiento en sus márgenes de utilidad. En 2013 las ganancias libres de Shell en el tercer cuatrimestre cayeron en un  32 % con respecto al año anterior, las de Exxon Mobile en un 18% respecto a 2012 (Reed, 2013), British Petroleum en 34% en el tercer cuatrimestre de 2013 respecto a 2012 (Scheck, 2013) y finalmente Chevron con una disminución de 6% en el tercer cuatrimestre de 2013 respecto a 2012 (cnbc, 2013). Estas cuatro empresas, han invertido altas sumas de dinero en busca de nuevos pozos en regiones del mundo previamente ignoradas, como el círculo ártico y las repúblicas exsoviéticas. Como lo han demostrado sus menores márgenes de ganancias, estos intentos no han tenido el éxito esperado y se corre el riesgo de que representen una nueva fase para el Big Oil donde las ganancias sean más elusivas y los costos mucho mayores. Esto, sin duda, influirá para que las empresas piensen dos veces antes de invertir en México debido a los riesgos asociados y a la dificultad de recaudar el capital necesario para la inversión, justo ahora cuando los problemas de liquidez son mayores y los prospectos a largo plazo más complicados.

 

Los Estados Unidos podrían ser más atractivos a inversores

Como ya se ha dicho la explotación mediante el fracking es considerablemente más costosa que la perforación de pozos y favorece a la compañía que posea mayor conocimiento técnico y que tenga mayores márgenes de utilidad. Esto podría provocar que la inversión petrolera se dirija hacia los Estados Unidos y a Canadá en perjuicio de México, ya que al convertirse la explotación de petróleo en una actividad que requiere un conocimiento técnico sumamente elevado, la productividad norteamericana puede contrarrestar los costos más bajos de explotar el petróleo en México. Puede ser que explotar el petróleo en Estados Unidos mediante el fracking requiera una inversión mucho mayor que perforar pozos tradicionales en México, pero al mismo tiempo puede ser que en los Estados Unidos se pueda producir una cantidad mucho mayor de petróleo que los pozos en México dado los recursos tecnológicos disponibles que pueden hacer que los márgenes de utilidad de la explotación de petróleo sean mayores en Estados Unidos que en México (Wile, 2013). 

 

China ve más a África que a México

Uno de los mayores inversionistas potenciales para el desarrollo de la industria petrolera mexicana es, sin lugar a duda, la República Popular China. En los últimos años se han hecho esfuerzos por fortalecer la cooperación entre ambas naciones, lo que culminó en una visita del presidente chino Xi Jinping para tratar temas de cooperación y también para crear un organismo que se encargue de mediar las operaciones comerciales entre ambas naciones. Sin embargo, no se avanzó demasiado debido a la controversia política que implica un Tratado de Libre Comercio para los productores mexicanos.

Así pues, es difícil que China, con el objetivo de mantener su alto ritmo de crecimiento, se convierta en uno de los principales inversores en materia energética de México. Actualmente, China ha encontrado en el continente africano la fuente principal de dichos recursos. Esto debido a que los gobiernos de los países africanos permiten al país asiático imponer condiciones y obtener concesiones que no le serían posible en otras latitudes, por ejemplo, Brasil o Rusia, por nombrar algunos países con amplios recursos energéticos. 

 

Oposición de la izquierda, la reforma no está asegurada

A todo lo anterior hay que agregar, que mientras que el Congreso Mexicano aprueba la reforma energética, a nivel estatal los grupos de la oposición de izquierda han anunciado su intención de revertir dicha reforma a casi cualquier costo, considerándola un retroceso en términos de soberanía económica para México y acusando al gobierno de haber cometido un acto de traición en favor de las empresas multinacionales. Esta oposición puede resultar en una mayor demora a la hora de aprobar los reglamentos a nivel estatal para que la reforma pueda tener el efecto deseado con la mayor rapidez posible. Esto podría resultar un problema grave ya que el principal reto para que se logren los resultados esperados de inversión y creación de empleos está en las leyes secundarias de la reforma constitucional. Estas leyes comenzarán a ser discutidas en marzo de 2014 y se encargarán de establecer los términos para la ejecución de la reforma así como los términos y las condiciones para la entrada de la inversión; como serán los contratos de exploración y explotación (Palma, 2014).

Así pues, dado el contexto en el cual tiene lugar la Reforma Petrolera, podrían pasar muchos años para que los beneficios de la misma – mejoras en la productividad, reducción de costos, aumento del empleo, mejor infraestructura, entre otros – sean plausibles y favorezcan el avance de la economía mexicana  (Palma, 2014). 

 

 

Referencias: